Había muchos turistas y a la entrada al pueblo nos dimos cuenta porque. Es un pueblo de la época medieval rodeado de murallas. Es muy pintoresco y se siente uno como viajó a través del tiempo hacia esa época. Está todo muy bien conservado y es una belleza. Fuimos a la parte más alta para ver la vista de la ciudad y los alrededores. Tratamos de caminar por cada callecita y ver cada plaza. Encontramos un restaurante muy acogedor cerca a una iglesia y nos sentamos a escuchar el harpa que una música callejera que hizo el rato inolvidable.
De postre fuimos al lugar donde venden el mejor gelato del mundo según ellos. Tienen sabores únicos que ellos mismos han patentado y son ¡exquisitos!
Pasamos por unas tiendas increíbles donde vendían docenas de tipos de turrón, mi favorito, y toda clase de golosinas italianas y vinos.
Con mucho pesar tuvimos que irnos a tomar el bus hacia la estación tren.
Llegamos en la tarde y decidimos ir a ver el Batisterio y la catedral. No tuvimos suficiente tiempo para subir la torre, por la cantidad de turistas la espera era de varias horas.
Pasamos un buen rato tomándonos las típicas fotos en frente a la torre y nos divertimos mucho.
Salimos al atardecer de vuelta para Florencia pues la mañana siguiente salíamos temprano hacía Venecia.
En la estación del tren nos dimos cuenta esa noche que los tiquetes del tren de la mañana estaban agotados y tuvimos que tomar una decisión rápida y comprar los tiquetes para el tren de las 3 a.m.
Que interesante visitar esos sitios de la epoca midieval, hermosas sus construcciones tan bien restauradas para que soporten el paso del tiempo...,
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